‘Bridgerton’: los romances apasionados no son solo para mujeres delgadas


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Cuando, la semana pasada, un artículo de opinión del semanario británico The Spectator cuestionó la deseabilidad de Penelope Featherington, personaje de la serie de Netflix Bridgerton interpretado por la actriz irlandesa Nicola Coughlan, se desató una tormenta de objeciones. La gente se apresuró a criticar la afirmación de que su emparejamiento con Colin Bridgerton, el esculpido y apuesto protagonista interpretado por Luke Newton, nunca sucedería en la vida real porque ella no es delgada.

Después de que la tercera temporada de la serie se estrenara en Netflix este mes, los fans se sintieron ofendidos por lo que consideraban como body shaming o crítica del cuerpo en el artículo, el cual afirmaba sin rodeos que Coughlan “no está buena, y no hay escapatoria”. El artículo concluía argumentando que los esfuerzos por priorizar la igualdad y la diversidad no son suficientes para “hacer remotamente creíble que una chica gorda se quede con el príncipe”.

Muchos señalaron que Coughlan ni siquiera sería considerada gorda por muchas personas —descripciones como “rellenita” y “curvilínea” aparecieron varias veces—, pero otros en internet siguieron haciendo eco de la misma cuestión planteada en el artículo. Una usuaria de Threads escribió que “no estaba acostumbrada a ver a una mujer como Penélope con un tipo como Colin” y que “no habría ocurrido en la vida real”, lo que fue recibido con una avalancha de respuestas por parte de mujeres de talla grande que compartían imágenes de ellas mismas, felizmente emparejadas.

Danielle Wallace, una mujer de talla grande de Houston, dijo en una entrevista telefónica que, aunque no era una ávida espectadora de la serie, se había sentido obligada a unirse al coro de objetores de la publicación, como mujer felizmente comprometida con un hombre que la ama.

“Lo que una persona encuentra atractivo no es lo que todo el mundo encuentra atractivo, y parece que algunas personas no lo entienden”, dijo Wallace, de 51 años. “Es muy raro ser adulto y no entender eso”.

Esta crítica pasa por alto algo que es cierto en muchas culturas y comunidades desde hace mucho tiempo: las mujeres con curvas son deseables, a veces casi con la exclusión de las más delgadas. Los numerosos ejemplos de mujeres grandes que son deseadas no significa que la gordofobia no sea un problema real, por supuesto, porque lo es. Pero la afirmación de que no se puede ser curvilínea y atractiva a la vez es falsa.

Emily Ottney, una panadera de 28 años que vive a las afueras de Minneapolis, dijo que ella y Penélope tienen un tipo de cuerpo similar —pequeño y con curvas—, así que cuando se topó con esta discusión, realmente la “sacudió”. “Estoy en torno a los 77 kilos, y aun midiendo 1,70 metros, todavía me veo bastante gordita”, dijo, y añadió que su marido la había ayudado a “llegar a este punto en el que no siento que tenga que cambiar”.

“Cada vez que le he dicho esto, sobre todo cuando más me costaba, al principio, él siempre me tranquilizaba tanto diciéndome que me quiere independientemente de la forma que tenga”, dijo.

En 2017, Robbie Tripp, quien se hizo conocido como el “El tipo con la esposa curvilínea”, fue criticado y aplaudido por una nota de amor de Instagram en la que elogiaba a su esposa y “su cuerpo con curvas”. Escribió que a menudo se burlaban de él cuando era adolescente por sentirse atraído por “chicas del lado grueso”. Debido al tono autocomplaciente de la publicación, no fue especialmente bien recibido, pero él era un orgulloso hombre heterosexual a quien le gustaban las mujeres grandes.

La atracción por los cuerpos grandes es un hecho en todas las culturas y generaciones. Mucho antes de que un número de abril de 2023 de la revista Vogue británica anunciara la llegada de “Las nuevas superestrellas” con una portada en la que aparecían tres modelos de tallas medias y grandes; mucho antes de que Meghan Trainor declarara que ella era “todo ese trasero”; mucho antes de que Sir Mix-A-Lot les dijera a “las damas flacuchas de las revistas” que “tú no eres la gran cosa, Señorita Presumida”; y quizá incluso antes del 28.000 a. C. (te estoy mirando a ti, Venus), siempre ha habido un sano apetito por las curvas. Incluso las propias modificaciones corporales de Kim Kardashian, que ayudaron a dar el pistoletazo de salida a la era del levantamiento brasileño de glúteos de la década de 2010, parecían responder a un deseo por los cuerpos más curvilíneos que suelen verse en las mujeres negras y marrones.

En Bridgerton, la serie no señala directamente el tipo de cuerpo de Penélope como la razón por la que Colin tarda tanto en darse cuenta de que está enamorado de ella, pero ella es notablemente más grande que las protagonistas románticas femeninas vistas en temporadas anteriores del programa. Quizá esa sea la cuestión: la belleza es subjetiva, y un caballero de alta alcurnia puede encontrar guapa a cualquiera, incluso a una mujer de su complexión. Él podría haber dudado por otras razones.

Kymberli Joye, una cantante de góspel de 32 años del sur de Nueva Jersey, dice que la historia de Penélope le impactó porque ella también vivió un romance de cuento de hadas. Al tener un cuerpo grande la mayor parte de su vida, no había tenido muchos vínculos similares a los que veía en la televisión, solo lo que le había parecido una “relación por conveniencia”. Cuando empezó a salir con quien ahora es su esposo, en 2022, todo cambió.

“Fue un tipo diferente de chispa: era romántico, y yo diría que se sentía como una película y yo me sentía como la protagonista”, dijo. “Me sentía la protagonista. No me sentí como un premio consuelo”.





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